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Inés tenía que participar en el III Congreso Misional Latinoamericano (COMLA III), que se desarrollaba del 5 al 8 de julio. El trayecto Quito-Bogotá lo hizo en autobús. La temática del Congreso, celebrado en Bogotá, se había formulada así: La nueva Evangelización de América Latina y su compromiso "ad gentes". Había cuatro ponencias de base: La Iglesia es misionera por naturaleza — El comportamiento misionero de América Latina a los 500 años de su evangelización — La inculturación de la fe y la evangelización de las culturas — Los laicos misioneros de América Latina para una nueva evangelización.

Tomaron parte en el Congreso unas 35 terciarias capuchinas. Al final del mismo, en una solemne Eucaristía de envío "ad gentes", 11 terciarias capuchinas recibían el crucifijo de misioneras para África.

En el mismo Congreso participó la Superiora General, quien junto con su Consejo se encontraba en Colombia desde el mes de junio. A raíz del Capítulo General (1986), el Consejo planificó sus actuaciones de gobierno y pensó en una larga estancia en Colombia, de junio a septiembre de 1987, para conocer de cerca la realidad de América Latina y para dinamizar las opciones tomadas en Capítulo: "una inserción real entre los más pobres, desde nuestra opción preferencial por ellos...; urgencia de hacernos presentes en los lugares de evangeli-zación inicial y en el campo de la marginación...".

Fue providencial. "Nunca pensó que le tocara venir al COMLA —escribe a propósito de Inés su hermana Cecilia Arango—, pero sus compañeras la eligieron por votación y llegó feliz; mayor fue su alegría al saber que se encontraba en el mismo la Hna. Elena, Superiora General, que pudo dialogar con ella, comunicándole sus inquietudes y esperanzas respecto de su Misión; esto le colmó de felicidad ya que se identificó plenamente con ella".

Efectivamente este dato es importante. La Hna. Elena y la Hna. Inés hablaron de hermana a hermana, de corazón a corazón, largo rato, dos horas largas. Inés salió dilatada y dicen que cuando volvió a la misión las hermanas le veían particularmente radiante ante la aventura que se avecinaba, confortada con el aliento y la confianza que le había inspirado su Superiora General. La Superiora General, según el testimonio que de ella recibimos, pudo constatar los siguientes puntos:

— La autenticidad del ideal misionero de Inés y el fuerte enraizamiento cristiano del mismo, que le llevaba a estar dispuesta a dar la vida por los Huaorani.

— La calidad de la amistad con Monseñor. Era una amistad honda, recta, pura y desprendida, vivida sinceramente como designio de Dios en la común vocación para las minorías indígenas.

— La recta motivación que le impulsaba a entregarse a los Huaorani como ideal de su vida.

— Y en última instancia, una relativización de sus proyectos y una aceptación de la obediencia en cuanto voluntad de Dios, entendida en la oblación de la Cruz.

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